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Navaja de Ockham: la explicación más sencilla suele ser la correcta

La navaja de Ockham es un método de decisión lógica que nos dice que, si tenemos dos explicaciones distintas para un mismo fenómeno, debemos preferir la más sencilla.

La navaja lleva el nombre del filósofo y teólogo inglés Guillermo de Ockham, que vivió en el siglo XIV. El propio Ockham formuló el principio de varias maneras, pero la formulación que más ha calado, «las entidades no deben multiplicarse más allá de lo necesario», es del filósofo irlandés John Punch.

Navaja en forma de signo de interrogación

Qué nos dice la navaja de Ockham

Imagina que en tu pueblo ha pasado algo. Por ejemplo, que alguien ha prendido fuego a un tocón de la plaza. La policía se pone a investigar el caso con el brío que la caracteriza y en pocas horas detiene al culpable. En el juicio, tres testigos cuentan que vieron al culpable prender fuego al tocón. Un niño incluso lo grabó en vídeo y lo subió a TikTok. Además, la mujer del culpable confirmó que a la hora del incidente él no estaba en casa y que había salido a algún sitio. El caso parecía claro.

El culpable, llamémosle Pepe, se defendió, sin embargo, con un argumento insólito: afirmó que no lo hizo él, sino un doble, un clon suyo construido por el malvado demonio Pazuzu con el fin de esclavizar a la humanidad, y que quemar el tocón es la primera fase de su malvado plan.

«Demuéstrame que no es así», dijo Pepe con aplomo.

Seguramente ya imaginas dónde está el problema. Demostrar que no existe ningún doble ni ningún demonio Pazuzu es imposible. Puramente en teoría, podría haber pasado que de algún sitio surgiera de verdad el demonio Pazuzu y creara un doble de Pepe, que prendió fuego al tocón en Zaragoza, es decir, en tu pueblo, y luego volvió a desaparecer. Descartarlo al cien por cien sencillamente no se puede. ¿Cómo debe decidir, entonces, el juez?

El juez puede usar en este momento la navaja de Ockham. Esta dice que, si tenemos dos explicaciones distintas que aclaran un fenómeno igual de bien, debemos usar la explicación más sencilla. En nuestro caso, es mucho más sencillo suponer que Pepe miente y quemó el tocón que suponer que desde el infierno se alzó un misterioso demonio Pazuzu.

En realidad, además, no tenemos solo dos explicaciones distintas. Pepe puede salir con infinitas explicaciones más: el tocón lo quemaron unos ángeles, que además aturdieron a todos los testigos; el tocón en realidad no ardió, es solo una alucinación colectiva, o simplemente alguien sobornó a todos los testigos y falsificó la grabación, y así sucesivamente. Pero la explicación más sencilla es que lo quemó Pepe, sin más.

Qué no nos dice la navaja de Ockham

Ahora bien, ¡la navaja de Ockham no nos dice que hayamos decidido correctamente! De verdad podría haber pasado que alguien sobornara a todos los testigos o que unos ángeles descendieran del cielo a la tierra. Nosotros no lo sabemos. La navaja de Ockham solo nos aconseja qué explicación tiene la mayor probabilidad. Si el juez no aplicara la navaja de Ockham, todos los criminales saldrían del juicio como inocentes, porque cada uno de ellos podría inventarse su propia historia con su propio demonio Pazuzu, que en realidad no se puede refutar.

Por eso también podemos definir la navaja de Ockham a través de lo difícil que es refutar la explicación de un fenómeno. Si tenemos dos explicaciones de un fenómeno, elegimos mejor la que se puede refutar con más facilidad. Hay muchas maneras de refutar que Pepe sea el verdadero culpable. Por ejemplo, alguien podría haberlo visto en el otro extremo de la ciudad. O lo podrían haber captado las cámaras en ese otro extremo de la ciudad. En el lugar podría haberse encontrado una lata de gasolina con huellas dactilares de otra persona. Y cosas así. ¿Cómo refutaríamos que el demonio Pazuzu haya descendido a la tierra? Pues eso es difícil. Como es prácticamente imposible refutarlo, preferiremos la explicación de que lo hizo Pepe, porque es mucho más fácil de refutar y, aun así, nadie la ha refutado.

Cuanto más difícil es refutar una explicación, más complicada es y menos probable resulta.

La navaja de Ockham en la ciencia

La navaja tiene, por supuesto, un gran uso en la ciencia, donde tenemos que aplicarla a cada paso. Por ejemplo, ¿por qué caen las cosas al suelo? Podemos atribuirlo a la gravedad o podemos decir que, en el momento en que sueltas un objeto, llegan volando al instante unos duendes invisibles y empiezan a empujar el objeto hasta que cae al suelo.

En este momento podemos aplicar la navaja de Ockham y decir que será más bien la gravedad que los duendes.

Lo más sencillo no siempre es lo más correcto

El movimiento de los cuerpos lo describen dos teorías básicas: las leyes del movimiento de Newton y la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Mientras que las leyes de Newton se estudian en el instituto, la teoría de la relatividad es mucho, mucho más complicada. Según la navaja de Ockham, en este momento deberíamos desechar la teoría de la relatividad de Einstein y seguir guiándonos por las leyes de Newton.

No es así, por un motivo sencillo. Y es que las dos teorías no ofrecen una explicación igual de buena de los fenómenos de la naturaleza. La teoría de la relatividad ofrece una descripción mucho más precisa del movimiento en nuestro universo. Cuanto más se acerca la velocidad de un objeto a la velocidad de la luz, más imprecisas son las leyes del movimiento de Newton. Para las velocidades terrestres habituales, las leyes de Newton son totalmente suficientes, pero en cuanto quieres calcular el movimiento de los satélites alrededor de nuestra Tierra, necesitas la teoría de la relatividad, que es, sí, mucho más complicada, pero también mucho más precisa. Si, por ejemplo, el sistema de localización GPS usara solo las leyes del movimiento de Newton, en poco tiempo el GPS te mostraría la posición a varios kilómetros de donde estás.

Por eso, en este caso no se puede usar la navaja de Ockham, porque la teoría de la relatividad es más complicada, sí, pero también más precisa. No describen, pues, un fenómeno igual de bien. La teoría de Einstein lo describe mucho mejor. Es como si compararas el reloj que llevas en la muñeca con los relojes atómicos que usan los científicos. Está claro que los relojes atómicos son mucho más complicados, pero también mucho más precisos. No describen, pues, el mismo fenómeno igual de bien y por eso no podemos aplicar la navaja de Ockham.

Capítulos: Navaja de Ockham: la explicación más sencilla suele ser la correcta, Navaja de Hanlon: más bien fue torpeza que mala intención